
Esta entrada es a instancia de mi amigo Luis Antonio Pérez Cerra. Con Luis compartimos la profesión, muchos gustos, respeto y un gran cariño. También disentimos en muchas cosas y nos las expresamos siempre con gran libertad.
En este caso fue el uso de uniformes escolares. Él me propuso que escribiéramos, cada uno en su espacio nuestros argumentos a favor o en contra. Llegamos al acuerdo de hacerlo el mismo día y a la misma hora porque nos pareció que así nos expresaríamos sin la influencia de lo que el otro dijo y sin respondernos de antemano.
Antes quiero aclarar que mi opinión no está fundada en la de ningún experto y sólo obedece a la propia experiencia y observación durante treinta años en las escuelas y durante muchos años también como mamá; y que algunas cosas que aquí diré pueden resultar reiteradas para quien haya leído los comentarios que dejé en el blog de Luis,
pero que para ser honesta, no argumentaban nada, así que no piensen que él tiene ventaja.
También decir que siempre he trabajado en escuelas públicas, donde el uniforme debería ser el guardapolvo blanco (uniforme al fin y a mi entender con un significado más pernicioso que los demás uniformes) Sin embargo, en los últimos años, por acuerdos institucionales o a dedo de los directores, se ha impuesto el uso de remeras, buzos y pantalones con el distintivo de las Escuelas.
La palabra “uniforme” no es de mi agrado. Creo, pero no se guíen por eso porque ya saben que me voy a los extremos, que es una palabra que contradice el concepto que tengo de la vida. No me gusta la uniformidad en ningún aspecto, pero hoy voy a limitarme nada más que a los uniformes escolares.
- Uso uniforme y lo exijo en mi escuela. Y no es una contradicción. Soy muy respetuosa de las normas acordadas, y rebelde con las impuestas. Cuando una norma se acuerda en el seno de la Institución, auque vaya en contra de mis principios, soy la primera en respetarla y en hacerla respetar, pero no dejo de dar a conocer mi opinión. Todos la saben, los chicos, los padres y mis compañeros; y el hecho de usarlo yo misma, en disconformidad, me da autoridad para exigir que todos respetemos, el uso de uniforme y sobre todo los acuerdos.
- Quien haya tenido contacto con un niño o adolescente, alumno, hijo, o hijo de vecino, sabrá que el uniforme es un permanente punto de conflicto. Conflicto innecesario y desgastante si se consideran cuáles son las ventajas que su uso supone, que reconozco algunas tiene (pero no las diré hasta no leer la entrada de Luis) ¿No tenemos ya suficientes conflictos irresueltos en las escuelas, para agregar otro que sí tiene solución?
- La forma de vestirnos deja en evidencia rasgos de nuestra personalidad, tanto si nos preocupamos por ello como si no. Pretendemos enseñar a los niños el respeto por la diversidad, el no copiarnos, el ser auténticos, el valorar lo que somos y lo que tenemos, el no “prenderse” con marcas ¿y los vestimos a todos iguales? ¿y lo negamos en la escuela? Me dirán que la vestimenta es algo externo y vano, pero muchos chicos todavía no tienen ese concepto. Sabemos que todos salen de la escuela y se quitan cuanto antes el uniforme y ahí se comparan, se sienten diferentes y, lamentablemente, la gran mayoría no tiene contención y quien les explique que otras diferencias son más importantes, más ricas y dignas de respeto que la ropa ¿Por qué no aprovechamos en las escuelas todo ese potencial que nos daría mostrárselos desde algo que para ellos, en este momento de sus vidas, es significativo? A mí no me gusta ver setecientas personitas diferentes, diferentes, y a la vista tan iguales. Mi parecer es que el uniforme no zanja diferencias y separa aún más la escuela de la realidad. Afuera ven lo que la escuela oculta.

- Algunas de las personas de mi comunidad escolar argumentan que uniformar a los alumnos da una visión hacia afuera y hacia adentro, de prolijidad, de escuela organizada. Me opongo totalmente a este concepto. Una escuela no es organizada porque se vea de un mismo color; y no voy a extenderme aquí contando cuándo y por qué es organizada la escuela (que yo seré desordenada, pero la Escuela, organizada). Sólo haré un pequeño comentario, más de una de esas personas desorganizan las escuelas con ciertas actitudes como impuntualidades en horarios y entrega de documentación, por ejemplo, perjudicando y retrasando al resto. Otros aducen que da sentido de pertenencia, cosa con la que tampoco acuerdo. El sentido de pertenecia, al menos yo lo creo así, se da por las cosas compartidas, la contención, el afecto, el respeto, los objetivos comunes y todo aquello que en un momento nos hace decir "mi escuela" en lugar de "la escuela donde voy" "la escuela donde trabajo".
- La prolijidad y la higiene no dependen de si se lleva o no uniforme, creo yo. Se pueden enseñar estos hábitos prescindiendo de él y sobre todo con el ejemplo, que a veces no lo hacemos. He visto uniformes en estado deplorable y humildes ropas con una pulcritud ejemplar.
- Como mamá he tenido varios encontronazos con mis dos hijos a causa del uniforme. Cuando comenzaron el Jardín de cuatro, elegimos con su papá cuidadosamente la escuela para ellos, de acuerdo a algunos criterios que valorábamos y compartíamos. Al cabo de los años, ya ellos en la Universidad, pensamos que lo hicimos bien, aunque ya se sabe, la perfección no existe. Escuela a la que concurrieron hasta finalizar el secundario. Escuela con vestimenta uniforme desde la cinta del cabello hasta la punta del dedo gordo. Lo aceptamos priorizando otras cuestiones. Cada vez, y fueron muchas, que tuvimos conflicto por este tema, sobre todo en la adolescencia, se les dijo – La norma de tu escuela es ésa. Si no la aceptás, podemos considerar el cambio de Institución. Nunca quisieron, pero no crean que estas palabras fueron mágicas, el problema persistió. Todas las veces que surgía, imagínense ustedes, mis dulces palabras (para adentro) al uniforme, mientras por fuera me negaba sistemáticamente a subir ruedos de faldas y a agrandar cinturas de pantalones para usarlos a media cadera. Las corbatas las he encontrado escondidas en los lugares más inverosímiles y un minuto antes de salir…pero encontrado! Tanto tiempo invertido, tanta excitación y apresuramiento ¿Para qué? Terminas la escuela y te largas a la vida sin uniforme.

En fin, yo pienso que el uso del uniforme es la cara más visible (no la única ni la más importante) del alejamiento entre el aula y la vida. Y en un aula alejada de la vida no se aprende. Sé que en nuestra época de escolares era diferente, la sociedad era diferente...caminó a pasos de gigante, la escuela sigue caminando a pasos de tortuga. No digo que sea mejor ni peor una cosa de la otra, antes o ahora, pero sí que se desencontraron.
Por último amigos, los invito a leer la entrada de Luis Antonio. Pero que quede muy claro, esto no es una competencia a ver quién tiene más adeptos. Simplemente son opiniones sobre un tema. Admiro mucho a Luis y sé que luego de leer sus argumentos hasta acordaré con él en algunos puntos. Lamentablemente creo que no podré hacerlo hasta el martes ya que cuando esta entrada se autopublique no estaré en Rosario, lo cual no sería obstáculo si no fuera porque mi Sol ha heredado de su madre la inquietud y ya se encargó de enviarme todo el programa de la visita, al que adherí encantada…todo el tiempo juntas...ni un minuto libre.
Las imágenes que ilustran esta entrada están extraídas del libro Niño se Nace del pedagogo italiano Francesco Tonucci (Frato)
Espero que el Blogger no nos falle, si salen pegotes, espacios indeseados, etc, disculpen, lo arreglaré a la vuelta.Hasta pronto.













